Caminé por tantos lugares, pisé tanta porquería y por instantes me convertí en parte de ella,
mis pasos cada día eran contados y mis piernas ya no aguantaban el peso que traía conmigo. Me adentré a caminos nuevos y nunca di vuelta atrás, sólo veía huellas estancadas en el lodo mal oliente.
Las imágenes que obtuve a mi paso, ahora ya eran solo recuerdos roídos por el tiempo, convertí mi "tiempo" en minutos huecos, en frases sin sentidos y actos estupidos, iba llenando de telarañas mi mente y a mi cuerpo con polvos mágicos, cigarros de chocolate, y con la famosa pipa de la felicidad, que según mi poca cordura me dictaba para sentirme “libre y feliz”.
El espejo me mostraba diariamente la imagen de algo absurdo, de un “alguien” caminando de la mano de la muerte y con una mirada sin brillo, sin alegría.
Descolgar recuerdos para ver espacios vacíos era mi hobbie, descolgarlos para sentirme en ese instante, para abrazar ese momento que me había hecho feliz, para recordarme que había sonreído sin ayuda mágica, para enjugar y vaciar las ansias de ver lo que ya no podía; En esos instantes llegabas tú a darle más cuerda a mi reloj, deshojando el calendario para que contara los días sin ti, llegaban también los monstruos del pasado, esos que había dejado tras una puerta con llave, llegaban atormentándome y fumándose conmigo las hojitas verdes que me ponían a degollar fantasmas y a perseguir hormigas tras los rincones. Ellos (los fantasmas) me gritaban, me abrazaban no querían soltarme disfrutaban tanto verme nadar en el pasado y volverlo presente, dejando un olor desagradable en el ambiente, un olor que me envenena, un maldito olor que se ha adherido en mi olfato, en mi mente y en cada poro de mi piel y que por más que he tratado de sustuirlo, éste es mucho más fuerte y no se si seguirá ahí hasta que entregué mi alma al diablo, o a quien sabe quien chingados pero mientras tanto aquí siguen esos gusanos imaginarios dentro de mi carne, no se van...solo se que ya aprendí a dormir con ellos.
No se si todo llega a su calma, pero las aguas parecen aclararse y todo marcha tan sigilosamente que no escucho más pasos tras de mi, no se cómo fue, pero estoy tan lejos de los amigos que me ayudaban a reír, ya no hay polvos mágicos en mi ambiente, ni piedras fumantes en mi camino; ahora sonrío con naturalidad mis pasos comienzas a dejar huellas limpias ya mis zapatos no llevan suciedad que manchen el piso blanco de mi casa. Y he llegado a la conclusión que todo tiene su momento y su tiempo, es verdad que los “fantasmas” aun siguen gritándome pidiendo ser liberados; pero he logrado ponerlos en un lugar dónde no pueden dañarme más, ya los sufrí por mucho tiempo y llego el momento donde ya no tendrán más mando sobre mi y esta vez mi estabilidad emocional no la harán añicos.
No se si fue el amor a mi misma, a la vida, o a mi hijo, realmente las buenas razones y muy validas se unieron y me ayudaron a levantarme de la cama de hiedras en la que dormía.

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